|
El loco de Chinchilla. Fábula a la moda, esto es, insulsa y fría
Andaba en Chinchilla un loco
con la bellaca manía
de dar de palos a cuantos
topaba por su desdicha.
Ninguno quedaba libre
de su locura maldita;
al que no descalabraba,
magullaba las costillas.
Pero, fuese compasión,
mentecatez o desidia,
de tantos apaleados,
nadie acudió a la Justicia.
Ni ésta pensó en recogerle,
por estar la policía
muy atrasada en los tiempos
de que se cuenta esta hablilla.
Hasta que uno de Albacete,
murciano en las malas tripas,
manchego en lo mal sufrido
a Chinchilla subió un día.
Atísbale el loco al punto,
y, acercándose, le tira
tan gran palo a la mollera,
que a ir sin montera le birla.
El de Albacete, mohíno
de la ruin burla, le quita
el palo y con él vuelve
unas tornas bien cumplidas;
moliéndole de manera
entre nuca y rabadilla,
que, a no acudir gente, allí
acaba el loco sus días.
Escápase al fin, y como
si llevase el palo encima,
corre a la ciudad gritando:
«¡Otro loco anda en Chinchilla!»
De aquí procedió el refrán,
y de aquí la medicina
de aquel loco. ¡Cuántos uno
de Albacete necesitan!
A muchos parecerá
insulsa la fabulilla,
mas, ¡qué falta es ésta en tiempo
en que tanta insulsez priva! |